martes, 17 de agosto de 2021

APLICACIÓN DE PEDAGOGÍAS CRÍTICAS Y DECOLONIALES EN EL SISTEMA EDUCATIVO LATINOAMERICANO CON MIRAS AL DESARROLLO DE LOS DEMÁS.

APLICACIÓN DE PEDAGOGÍAS CRÍTICAS Y DECOLONIALES EN EL SISTEMA EDUCATIVO LATINOAMERICANO: 

LA BÚSQUEDA DEL DESARROLLO DE LOS DEMÁS 

EVA MARÍA URBANO MEJÍA 

La cultura es el paso que nos queda, después de olvidar todo lo aprendido”

Andrés Maurois.

El pensamiento crítico de un individuo se forja tras la suma de muchos factores trascendentales de la vida, que lo van construyendo desde ámbitos cognitivos, morales y éticos para que, después de cada aprendizaje adquirido, manifieste esas conductas ya interiorizadas, en sociedad. El pensamiento crítico, es entonces, un instrumento que el ser humano tiene para evaluar cada alternativa que se manifieste y aprovecharla en su beneficio y el de su contexto. En este sentido, la educación, como institución, juega un papel muy importante, pues no se puede desligarla del proceso formativo de todas las personas del mundo entero, pues precisamente la educación, en su naturaleza, debe generar e incentivar ese pensamiento crítico que tanto requieren las colectividades en su devenir histórico.

Sin embargo, a partir del hecho histórico de la modernidad, a partir de la imposición del USA-eurocentrismo, como modelo y paradigma funcional en las naciones latinoamericanas, se han venido desarrollando diversos choques ideológicos, producto de un ineficiente resultado de estas estrategias, que más que contribuir en el progreso de las sociedades occidentales, ha venido a propagar métodos de dominación y una sistematizada conducta de los individuos, quienes van perdiendo el sentido crítico de la vida y, por el contrario, se han convertido en seres autómatas y mecanizados, en búsqueda de crazas oportunidades de progreso, basadas en la competitividad (tema esencial para el funcionamiento efectivo del neoliberalismo). Estos sistemas desde donde se aborda y se promueve el concepto de colonialidad del poder[1], son empleados por los Estados de los diversos países occidentales con el propósito de mantener el statu quo[2] de sus sociedades y para ello, se requiere de estrategias tan efectivas de dominación y control, como lo es el Sistema Educativo. Se habla entonces hoy en día de la educación, como ente regulador de la hegemonía de pensamiento de los pueblos y las naciones, que logre consolidar al capitalismo como único modelo productivo y se produzca una fragmentación social, hoy en día ya tan latente que resulte utópico pensar que pueda derrocarse o, de cierta forma, modificarse.

Muchos pensarían que hablar hoy de colonialidad es una equivocación, que se trata de un acontecimiento superado tras las luchas independentistas en el llamado “nuevo mundo”. Podría pensarse que la colonialidad es un tema del siglo XVI, dejado atrás con la instauración de las nuevas repúblicas en el XIX. Sin embargo, no resulta viable hablar de ella como una realidad del pasado remoto, como algo no vigente entre nosotros, ni en nuestros países considerados “libres” y “democráticos”.

Así, cobra sentido, el planteamiento del historiador (Henry, 1910-1963) en su trabajo sobre las descolonizaciones del siglo XX, quien dice que:


“La ruptura de los vínculos de dependencia, por muy importante que sea, sólo ha sido una de las etapas de la descolonización, y según algunos la más fácil. La independencia política, para no ser una palabra vana, debe apoyarse en unas bases económicas sólidas. Numerosos Estados en otro tiempo colonizados deben construir sobre bases nuevas una economía, hasta entonces orientada en función de las necesidades o de los beneficios del colonizador”[3]

 

En este orden de ideas, el punto central, radica en que históricamente hemos sido pueblos dominados, por medio de diferentes métodos y con distintos recursos. En pleno siglo XXI, donde se supone un elevado grado acuerdos diplomáticos, aun no se cuenta con la verdadera independencia social que se ha promulgado por medio de discursos que fácilmente pueden conducirnos al cinismo ético o intelectual; al conformismo absurdo por la marginalidad.

 

Se hace necesaria la re-conceptualización de las teorías y perspectivas críticas con las cuales se han estado leyendo las problemáticas de los contextos sociales, pues es indispensable que esta visión del mundo y su realidad, sea, al menos, conocida y discutida, por las nuevas generaciones latinas que viven una realidad subyugada y a quienes les espera un recorrido histórico bastante complejo. No se puede comenzar a hablar de cambios ni de pensamientos críticos en las sociedades actuales, si ni siquiera se reconoce la perspectiva decolonial del pensamiento y, con mayor decepción, si ni siquiera se conoce la historia desde una perspectiva propia.

 

Por eso, la complejidad que implica la colonialidad del poder se comprende mejor desde el modelo de análisis de sistemas-mundo, desarrollado ampliamente por el sociólogo estadounidense (Immanuel Wallerstein, 2001), para argumentar con ello que la economía, la política, la cultura, la educación y las demás dimensiones de la vida humana y social no existen separadas e inconexas entre sí, sino que por el contrario, mantienen vinculación sustantiva para comprender las realidades:

 

Parte del problema es que hemos estudiado estos fenómenos en compartimientos estancos a los que hemos dado nombres especiales –política, economía, estructura social, cultura– sin advertir que dichos compartimientos eran construcciones de nuestra imaginación más que de la realidad[4]

 

La formación integral de las nuevas generaciones debe tener implícito el concepto decolonial del poder: formar, guiar, orientar, generar dudas, mostrar diferentes perspectivas de un mismo tema, analizar, conducir al pensamiento crítico, esa debe ser la labor de la educación en Latinoameérica y esa es la labor que, a los presentes y futuros representantes de la educación como sistema, debe incluir.

 

La pedagogía decolonial se manifiesta como aquella posibilidad de derrocar la utopía de cambio, se presenta como una posibilidad crítica frente al discurso pedagógico moderno. No se habla de una pedagogía funcional, sino de una pedagogía de la resistencia la cuales se apropie y resignifique distintos escenarios, la cual se lleve a cabo en procesos de resolución de conflictos, en procesos de construcción de proyectos pedagógicos y educativos alternativos orientados por los principios de la Educación Popular, en procesos de Educación Intercultural, en movilizaciones pedagógicas como el denominado Movimiento Pedagógico[5] de la década del ochenta, y desde las prácticas, no desde los discursos. Este es el reto de los nuevos tiempos: vencer epistemológicamente a la colonialidad del poder, el cual pervive como un entramado de estructuras, ideologías, prácticas socio-históricas articuladas desde un movimiento dialéctico entre la supremacía de un referente universal y absoluto de racionalidad frente a la subvaloración de toda posible otredad.

Cabe mencionar las palabras de (Walter Mignolo, 2005):

 

“La colonialidad del poder es el dispositivo que produce y reproduce la diferencia colonial. La diferencia colonial consiste en clasificar grupos de gentes o poblaciones e identificarlos en sus faltas o excesos, lo cual marca la diferencia y la inferioridad con respecto a quien clasifica. La colonialidad del poder es, sobre todo, el lugar epistémico de enunciación en el que se describe y se legitima el poder. En este caso, el poder colonial”[6]

 

Debe abogarse por unas pedagogías decoloniales que proponen una práctica docente por demanda, que exacerban la sensibilidad ética ante las necesidades de los otros, no como un acto aislado, sino como un reconocimiento de nuestra propia necesidad, de reconocernos en esas miradas.


El reconocimiento de las habilidades blandas como un ejercicio reflexivo para aplicar nuevas manifestaciones pedagógicas en este siglo y adaptarlas a las problemáticas identificadas; se fundamenta en el pensamiento crítico y en la necesidad urgente de implementarse en las prácticas educativas. 


Este aspecto no solamente se puede articular con la problemática abordada, en cuanto  la "responsabilidad", sino frente a cualquier escenario en temas individuales y colectivos. 


El pensamiento crítico es quizá uno de los mayores retos que puede conseguirse, en gran medida, por influencia de las Habilidades Blandas. 

 

 Referencias Bibliográficas

Alvarado, J. Pensar la educación en clave decolonial. Revista de filosofía, Volumen, 81(3). 2015.

 

Cuero, Z. Educación para la liberación una propuesta desde la filosofía latinoamericana. La Colmena: Revista de la Universidad Autónoma de México, Volumen, 82. 41 - 50. 2014.

 

GRIMAL, H. La Décolonisation: 1919-1963. Librería Armand Colin. 1965.

 

MIGNOLO, W. La idea de América Latina. La herida colonial y la opción decolonial. Barcelona: Gedisa. 2005.

 

QUINTERO. P. Notas sobre la Teoría de la Colonialidad del Poder y la Estructuración de la Sociedad en América Latina. Colonialidad del Poder. 2010.

 

WALLERSTEIN, I. Saber el mundo, conocer el mundo. Una nueva ciencia de lo social. Madrid: UNAM: Siglo XXI Editores: IIS-UNAM.

 

 

 

 



[1]QUINTERO. P. Notas sobre la Teoría de la Colonialidad del Poder y la Estructuración de la Sociedad en América Latina. Colonialidad del Poder. La teoría de la colonialidad del poder formulada originalmente por Aníbal Quijano, a principios de los años noventa para caracterizar un patrón de dominación global propio del sistema-mundo moderno/capitalista originado con el colonialismo europeo a principios del siglo XVI. 2010. 

[2] Statu Quo. Concepto. Se usa para aludir al conjunto de condiciones que prevalecen en un momento histórico determinado​.

[3] GRIMAL, H. La Décolonisation: 1919-1963. Librería Armand Colin. 1965.

[4] WALLERSTEIN, I. Saber el mundo, conocer el mundo. Una nueva ciencia de lo social. Madrid: UNAM: Siglo XXI Editores: IIS-UNAM.

 

[5] El Movimiento Pedagógico: Un Espacio para la Resistencia y el Ejercicio de Poder. Concurso Francisca Radke.

[6] MIGNOLO, W. La idea de América Latina. La herida colonial y la opción decolonial. Barcelona: Gedisa. 2005.