APLICACIÓN DE
PEDAGOGÍAS CRÍTICAS Y DECOLONIALES EN EL SISTEMA EDUCATIVO LATINOAMERICANO:
LA BÚSQUEDA DEL DESARROLLO DE LOS DEMÁS
EVA MARÍA URBANO MEJÍA
“La cultura es el paso que nos queda,
después de olvidar todo lo aprendido”
Andrés
Maurois.
El
pensamiento crítico de un individuo se forja tras la suma de muchos factores
trascendentales de la vida, que lo van construyendo desde ámbitos cognitivos, morales
y éticos para que, después de cada aprendizaje adquirido, manifieste esas
conductas ya interiorizadas, en sociedad. El pensamiento crítico, es entonces,
un instrumento que el ser humano tiene para evaluar cada alternativa que se
manifieste y aprovecharla en su beneficio y el de su contexto. En este sentido,
la educación, como institución, juega un papel muy importante, pues no se puede
desligarla del proceso formativo de todas las personas del mundo entero, pues
precisamente la educación, en su naturaleza, debe generar e incentivar ese
pensamiento crítico que tanto requieren las colectividades en su devenir
histórico.
Sin
embargo, a partir del hecho histórico de la modernidad, a partir de la
imposición del USA-eurocentrismo, como modelo y paradigma funcional en las
naciones latinoamericanas, se han venido desarrollando diversos choques
ideológicos, producto de un ineficiente resultado de estas estrategias, que más
que contribuir en el progreso de las sociedades occidentales, ha venido a
propagar métodos de dominación y una sistematizada conducta de los individuos,
quienes van perdiendo el sentido crítico de la vida y, por el contrario, se han
convertido en seres autómatas y mecanizados, en búsqueda de crazas
oportunidades de progreso, basadas en la competitividad (tema esencial para el
funcionamiento efectivo del neoliberalismo). Estos sistemas desde donde se
aborda y se promueve el concepto de colonialidad
del poder[1],
son empleados por los Estados de los diversos países occidentales con el
propósito de mantener el statu quo[2]
de sus sociedades y para ello, se requiere de estrategias tan efectivas de
dominación y control, como lo es el Sistema
Educativo. Se habla entonces hoy en día de la educación, como ente
regulador de la hegemonía de pensamiento de los pueblos y las naciones, que
logre consolidar al capitalismo como único modelo productivo y se produzca una
fragmentación social, hoy en día ya tan latente que resulte utópico pensar que
pueda derrocarse o, de cierta forma, modificarse.
Muchos pensarían que hablar hoy de colonialidad es
una equivocación, que se trata de un acontecimiento superado tras las luchas
independentistas en el llamado “nuevo mundo”. Podría pensarse que la
colonialidad es un tema del siglo XVI, dejado atrás con la instauración de las
nuevas repúblicas en el XIX. Sin embargo, no resulta viable hablar de ella como
una realidad del pasado remoto, como algo no vigente entre nosotros, ni en
nuestros países considerados “libres” y “democráticos”.
Así, cobra sentido, el
planteamiento del historiador
“La ruptura de los
vínculos de dependencia, por muy importante que sea, sólo ha sido una de las
etapas de la descolonización, y según algunos la más fácil. La independencia
política, para no ser una palabra vana, debe apoyarse en unas bases económicas
sólidas. Numerosos Estados en otro tiempo colonizados deben construir sobre
bases nuevas una economía, hasta entonces orientada en función de las
necesidades o de los beneficios del colonizador”[3]
En este orden de ideas,
el punto central, radica en que históricamente hemos sido pueblos dominados,
por medio de diferentes métodos y con distintos recursos. En pleno siglo XXI,
donde se supone un elevado grado acuerdos diplomáticos, aun no se cuenta con la
verdadera independencia social que se ha promulgado por medio de
discursos que fácilmente pueden conducirnos al cinismo ético o intelectual; al
conformismo absurdo por la marginalidad.
Se hace necesaria la re-conceptualización
de las teorías y perspectivas críticas con las cuales se han estado leyendo las
problemáticas de los contextos sociales, pues es indispensable que esta visión
del mundo y su realidad, sea, al menos, conocida y discutida, por las nuevas
generaciones latinas que viven una realidad subyugada y a quienes les espera un
recorrido histórico bastante complejo. No se puede comenzar a hablar de cambios
ni de pensamientos críticos en las sociedades actuales, si ni siquiera se reconoce
la perspectiva decolonial del pensamiento y, con mayor decepción, si ni
siquiera se conoce la historia desde una perspectiva propia.
Por eso, la complejidad que implica la
colonialidad del poder se comprende mejor desde el modelo de análisis de sistemas-mundo, desarrollado ampliamente
por el sociólogo estadounidense
“Parte del problema es que hemos estudiado estos
fenómenos en compartimientos estancos a los que hemos dado nombres especiales
–política, economía, estructura social, cultura– sin advertir que dichos
compartimientos eran construcciones de nuestra imaginación más que de la
realidad”[4]
La formación integral de las nuevas
generaciones debe tener implícito el concepto decolonial del poder: formar,
guiar, orientar, generar dudas, mostrar diferentes perspectivas de un mismo
tema, analizar, conducir al pensamiento crítico, esa debe ser la labor de la
educación en Latinoameérica y esa es la labor que, a los presentes y futuros
representantes de la educación como sistema, debe incluir.
La pedagogía decolonial se manifiesta como
aquella posibilidad de derrocar la utopía de cambio, se presenta como una
posibilidad crítica frente al discurso pedagógico moderno. No se habla de una pedagogía funcional, sino de una
pedagogía de la resistencia la cuales se apropie y resignifique distintos
escenarios, la cual se lleve a cabo en procesos de resolución de conflictos, en
procesos de construcción de proyectos pedagógicos y educativos alternativos
orientados por los principios de la Educación
Popular, en procesos de Educación
Intercultural, en movilizaciones pedagógicas como el denominado Movimiento Pedagógico[5] de la década del ochenta,
y desde las prácticas, no desde los discursos. Este es el reto de los nuevos
tiempos: vencer epistemológicamente a la colonialidad del poder, el cual
pervive como un entramado de estructuras, ideologías, prácticas socio-históricas
articuladas desde un movimiento dialéctico entre la supremacía de un referente
universal y absoluto de racionalidad frente a la subvaloración de toda posible otredad.
Cabe mencionar las palabras de
“La colonialidad
del poder es el dispositivo que produce y reproduce la diferencia
colonial. La diferencia colonial consiste en clasificar
grupos de gentes o poblaciones e identificarlos en sus faltas o excesos, lo
cual marca la diferencia y la inferioridad con respecto a quien clasifica.
La colonialidad del poder es, sobre todo, el lugar
epistémico de enunciación en el que se describe y se legitima el poder. En este
caso, el poder colonial”[6]
Debe abogarse por unas
pedagogías decoloniales que proponen una práctica docente por demanda, que
exacerban la sensibilidad ética ante las necesidades de los otros, no como un
acto aislado, sino como un reconocimiento de nuestra propia necesidad, de reconocernos
en esas miradas.
El reconocimiento de las habilidades blandas como un ejercicio reflexivo para aplicar nuevas manifestaciones pedagógicas en este siglo y adaptarlas a las problemáticas identificadas; se fundamenta en el pensamiento crítico y en la necesidad urgente de implementarse en las prácticas educativas.
Este aspecto no solamente se puede articular con la problemática abordada, en cuanto la "responsabilidad", sino frente a cualquier escenario en temas individuales y colectivos.
El pensamiento crítico es quizá uno de los mayores retos que puede conseguirse, en gran medida, por influencia de las Habilidades Blandas.
Alvarado, J. Pensar la educación
en clave decolonial. Revista de filosofía, Volumen, 81(3). 2015.
GRIMAL, H. La
Décolonisation: 1919-1963. Librería Armand Colin. 1965.
MIGNOLO, W. La idea de América Latina. La herida colonial y la
opción decolonial. Barcelona: Gedisa. 2005.
QUINTERO. P. Notas sobre la Teoría
de la Colonialidad del Poder y la Estructuración de la Sociedad en América
Latina. Colonialidad del Poder. 2010.
WALLERSTEIN, I. Saber
el mundo, conocer el mundo. Una nueva ciencia de lo social.
Madrid: UNAM: Siglo XXI Editores: IIS-UNAM.
[1]QUINTERO. P. Notas sobre la
Teoría de la Colonialidad del Poder y la Estructuración de la Sociedad en
América Latina. Colonialidad
del Poder. La teoría de la colonialidad del poder formulada originalmente por
Aníbal Quijano, a principios de los años noventa para caracterizar un patrón de
dominación global propio del sistema-mundo moderno/capitalista originado con el
colonialismo europeo a principios del siglo XVI. 2010.
[2]
Statu Quo. Concepto. Se usa para aludir al conjunto de condiciones que prevalecen
en un momento histórico determinado.
[3] GRIMAL, H. La Décolonisation:
1919-1963. Librería Armand Colin.
1965.
[4] WALLERSTEIN, I. Saber el mundo, conocer el mundo. Una nueva ciencia
de lo social. Madrid: UNAM: Siglo XXI Editores:
IIS-UNAM.
[5] El Movimiento Pedagógico: Un Espacio
para la Resistencia y el Ejercicio de Poder. Concurso Francisca Radke.
[6]
MIGNOLO, W. La idea de América Latina.
La herida colonial y la opción decolonial.
Barcelona: Gedisa. 2005.